Lo divertido de todo esto es que vivo de emociones que no se decir de frente. Los oculto y me los trago, la mayor parte del tiempo. Y ataco, me pongo a la defensiva y prefiero perderme, antes que sea demasiado tarde para mi. Sabes por qué? La gente ya no quiere sentir y yo sí, se usan, se atoran unos a otros y luego se convierten en polvo que se va con la brisa.
En mis látidos existe un paisaje desértico, con dos hermosos árboles verdes, los únicos en el lugar. Existen libros de política, ciencias y cultura en general, en un pequeño pupitre escondido que sólo se puede observar cuando cae la noche. Y debo decir que me encantaba sentarme y disfrutar del momento dónde todo se mezclaba. Risas y canciones revotaban en mi cabeza.
Si bien en cierto, muchas veces la literatura y el arte no se mezclan. Son dos ramas distintas pero que en algún punto tienen la osadía de reunirse y se transforman en un todo.
Sólo sé que el viento, es eso, aire acumulado que choca con fuerza contra el fuego y lo aviva. El viento también se transforma en brizna y se pierde en el tiempo.
Es una pena. Los elementos se potencian entre sí, pero no es culpa del fuego siempre estar encendido, como tampoco que el viento se pierda en el cielo.
De la tierra venimos y de la tierra seremos.
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